TODA LA PUNTADA CON HILO, TODA, TODA, HA SIDO, SIEMPRE, CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES... NOS REBELAMOS A HABLAR DE "VIOLENCIA FAMILIAR" -A DISFRAZAR LA REALIDAD DE LAS MUJERES-. ACÁ COLOCAREMOS ALGUNOS TEXTOS ELEGIDOS, A SABIENDAS QUE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ES ESTRUCTURAL PORQUE ASÍ OPERA EL PATRIARCADO...

martes, 25 de noviembre de 2014

VIOLENCIA Y CRUCES: "EL MACHISMO MATA"... Y EL RACISMO TAMBIÉN

(foto: Ximena Riffo)


Hoy, la desconfianza en la víctima pasó a ser más misógina que nunca. Y con un nuevo discurso de desvictimización y empoderamiento proporcionado por el Generismo. La culpa se ha trasladado desde “la culpa de provocar” a la culpa de victimizarse… 

Este documento fue la base para una exposición en el seminario “Violencia estructural: análisis de sus consecuencias en la vida cotidiana”, convocado por el equipo del Centro de la Mujer de SERNAM, Servicio Nacional de la Mujer de la Comuna de San Carlos, en la Provincia de Ñuble, Región del Biobío, el 13 de noviembre del presente año (2014), en el Centro Cultural de San Carlos. 

La exposición tocó sólo algunos puntos principales del texto y fue complementado con una presentación en Power Point titulada: MUJERES: CUERPOS COLONIZADOS. Las ideas centrales de este texto fueron expuestas en el Seminario junto con una presentación de imágenes que denuncia la violencia de E$tado contra las mujeres kurdas, afganas y otras, contra las lesbianas en Sudáfrica y lo equipara a la violencia que el E$tado $hileno ejerce contra las mujeres y las comunidades mapuche en el territorio de Wallmapu, institucionalizado como “Chile”.


Violencia y cruces...: "El machismo mata, el racismo también".

X victoria aldunate, terapeuta y escritora lesbofeminista*.


 
En memoria de Javierita Neira Oportus,

asesinada por ALFREDO CABRERA OPAZO en un hecho de violencia contra su ex pareja y madre de Javierita, Claudia.

A 9 años de su femicidio, “ella sigue moviéndose como una diosa de agua, en el recuerdo de quienes la vimos bailar alguna vez (Angeles Mastretta)”. 

Las presentaciones que hacemos a menudo en estos eventos podrían no ser reflejo de una diplomacia absurda y un listado de títulos tipo nobiliarios que a veces denotan más que saberes, “movilidad social” como se define hoy en día aquello que yo aprendí a nombrar como clasismo y arribismo.

Tal vez originalmente las presentaciones se propusieron para que honestamente reconociéramos desde donde realmente hablamos, y así no engañar a nadie haciéndole creer que lo que decimos es “la” positiva “verdad” cuando en realidad lo que transmitimos es lo que concluido individual y colectivamente desde un cuerpo, una memoria política, un territorio y biografía. Muchas y muchos lo sabemos, otros y otras lo ignoran u ocultan bajo la objetividad y el academicismo.

Compañeras, lamngen, compañeros, me presento: Soy lesbiana feminista, autónoma; asumo una identidad de mujer de color -no blanca- porque ser blanca como ser heterosexual y normativa son elecciones políticas y no genes. Yo elijo políticamente ser lesbiana y mujer de color, champurria (mestiza).
Soy madre de una hija de 24 años, he abortado dos veces, soy ex presa política de la dictadura, sobreviviente; he vivido violencia en pareja y de parte del E$tado de $hile.
Soy pobladora de una población trabajadora del Sector Norte de la Capital y trabajadora asalariada. Tengo dos oficios, escritora y terapeuta y trabajo en una Comunidad Terapéutica en una población aún más pobre que la mía, en La Pintana de Santiago. Desde estas vivencias, entre otras, hablo.

La “Violencia Cruzada” NO EXISTE, las cruces sí y son millones en todo el mundo.
La visión de la “Violencia Cruzada” me parece básica y simplista. Una mirada  “episódica”, al menos superficial, que no logra percibir procesos del cuerpo, la memoria, el territorio y la biografía. Sólo ve la imagen congelada. Es una mirada tan pretenciosa que ni siquiera acepta estar inmersa en una realidad heteronormativa, es decir clasista, racista, homofóbica, sexista, lesbofóbica, especista y finalmente piramidal.

¿Que por qué la heteronormatividad es clasista? Porque se basa en mantener a una clase de seres humanos, las hembras, bajo dominación.

La mirada de la llamada “Violencia Cruzada” es una mirada que no logra distinguir vivencias propias porque ha sido desarmada para la rebeldía.  Puedo explicarlo con una frase que decía mi abuela mucho más asertiva que toda esta jerga entre academicista, postmoderna e intelectual: “Los peces en el mar no saben que están mojados”.

Reconozco que siento rabia con los expertos de Violencia Cruzada. Y es que a los peces una los comprende, a las vecinas también, a su mamá más todavía… pero es muy distinto cuando la ignorancia desfachatada surge de disciplinados, acartonados y asépticos expertos, intelectuales, académicos… Ahí me bulle el resentimiento de clase que es un proceso íntimo y profundamente político, en el que me hago responsable de una mirada estricta: cero permisividad con galapanes (burócratas en mapudungun) arribistas que ya no elaboran sus propias vivencias porque si lo hicieran lograrían ver y saberse inmersos en la pirámide, penetrados por aquello que las feministas europeas nombraron como Patriarcado.

El Academicismo es colonialismo, blanquea, crea una simbólica que descarta, bloquea, no procesa la existencia material. Y la existencia material es la que sin lugar a dudas nos da señales potentes sobre la Violencia Estructural en lo íntimo, lo personal y lo público, en lo individual, lo comunitario y lo estructural.
Lo peor de todo es que el “experto profesional” que funge de saber –“conocimiento objetivo”- marca nuestras vidas con una supuesta sapiencia que nos permea, desarma y destruye.
Desde ese atropello surge la mujer que declara convencida en el servicio público: “Soy depresiva”, “Soy bipolar”, “lo mío es violencia cruzada”, “violencia intrafamiliar…”, “lo mío es sólo violencia psicológica”… Aquella compañera corre el gran peligro de quedarse encerrada en un lugar estancado y eterno, atrapada por la prepotencia experta.

Elaborar la Violencia
Para elaborar la violencia no me basta y muchas veces me sobra haber pasado por universidades blancas, europeas, coloniales exportadas a nuestros territorios. (Una institución más de las que nos deparó esta invasión que no cesa).
Para elaborar la violencia siento y pienso, vivencio y tomo conciencia. Necesito ser capaz de cosas que no son puro lenguaje. Muchas veces el lenguaje no me permite nombrar la elaboración de la violencia, porque es limitado en comparación a la vivencia. (Y tal vez también porque es ajeno, un idioma extraño asentado en este territorio. Escribo y hablo en español por despojo de otras lenguas, ante la amenaza de quedarme muda… y también con el placer de la apropiación territorial y popular que hemos hecho de este idioma…).

Es el cuerpo vivenciado, su memoria con las otras y los demás, el que me permite elaborar la violencia y comprenderla para intentar purgarla, enfrentarla, expulsarla y de alguna manera mínima, nombrarla. No por nombrarla no más, si no para comunicarla, para desculpabilizarme, respirar mejor, repleta de matices cotidianos, nombrando lo que puedo y sintiendo profundos dolores sin nombre.

Preciso hacer memoria del cuerpo y del territorio y también mirar más allá a otros territorios, a otras seres humanas –lejos-, que al verlas, todo se configura claro. Mirando a otras a la distancia podría llegar a ver aquello que siento muchas veces en lo íntimo. Podría lograr comprender lo absurdo de la dicotomía occidental que afirma ese artificio de “Lo Público y Lo Privado” (dimensiones que en esa comprensión se opondrían y jamás se fundirían, como si fuesen agua y aceite).

Importante también es que haciendo memoria del cuerpo y el territorio, y viendo a la distancia, muchas veces puedo tomar conciencia de la indiferencia blanca aprendida que me “civiliza”.
Y es que una mirada a la distancia no es lo mismo que una mirada distante. No es “objetividad”, “neutralidad”, no es el relato analítico del colonialista científico que observa curioso y superfluo al animalito en su hábitat, o que lo encierra insensible en una jaula y lo vivisecciona para hacer sus notas con las que luego se va a lucir.
Mirar a la distancia puede ser ampliar el horizonte y ver a las otras desde el sentir, o sea desde el cuerpo, desde la memoria propia territorial para interpretarlas y sentirme en su pellejo mientras voy quitándome lo anquilosado de la misoginia que me inocularon.

Sé que digo estas cosas desde un territorio estructurado por la Colonialidad, o sea por esa lógica de dominio en el mundo moderno/colonial que trasciende el hecho de que el país colonial sea España, Inglaterra o EE.UU.(Mignolo 2005). Sé que estoy inmersa, sé que hablo vulnerable y vulnerada desde un pueblo colonizado, desde el lenguaje limitado que me impusieron, desde aquello que llaman epistemología y resuena en mi cabeza desde la universidad, desde lo que leí en prácticas institucionalizadoras.
Pero también aprendí en la calle, en la cotidianidad, en la militancia política popular de mi madre y mi padre; en el activismo propio que me ayudó a desarmar el arribismo normalizado, y desde toda esta vivencia afirmo que la Colonialidad en nuestro Territorio y en otros territorios invadidos y devastados, nos obligó a la Generización no sólo como un hecho subjetivo coincidente con la moral cristiana, si no antes que ello, como la condición material básica para la obtención del dominio estructural.

Tomo prestado –y expreso desde mi entendimiento- algo de lo que los intelectuales de Abya Yala han elaborado como Colonialidad del Poder. Pero es importante decir que el cuestionamiento a la Colonialidad del Poder no es necesariamente problematización de la Generización del Poder (María Lugones 2008). Es decir, plantear la Colonialidad del Poder como invasión,  dominio, racismo, puede no alcanzar a ver y a denunciar la Generización como un proceso material producido, imprescindible y coherente con los intereses de clase de una clase dominante para desarrollar la propia Colonialidad del Poder. Plantear la Colonialidad del Poder podría constatar a las “mujeres” como existencia “natural” dentro del proceso histórico cuestionable de invasiones y sometimiento a los pueblos ancestrales de estos territorios.

Visión Orgánica del Mundo
Pienso y vivencio que la Generización de las hembras es la condición básica para lo que llaman Colonialidad del Poder.
Colonialidad del Poder es Dominación, un sistema asimétrico, jerárquico, estratificado y segregacional que necesita de castas-razas inferiores que lo sostengan.
La Dominación requiere en primer lugar de la racialización-colonización de las hembras para un ejercicio generizado y heterosexualizado del poder. Este es el ejercicio que garantiza el Modo de Producción Doméstico que coexiste con el Modo de Producción Industrial (Christine Delphy 1970) que se basa en el uso sin costo de la fuerza reproductiva y productiva de las hembras, a las que muy convenientemente en lo que respecta a la explotación, se nos define como “mujeres”, incluso si no somos blancas.
Y  no hablo sólo de una memoria capitalista, el Modo de Producción Doméstico -como le llamaron las feministas materialistas- es precapitalista, capitalista, socialista, postsocialista y neoliberal.  Es un Modo de Producción que exige a las “mujeres” de color y a las mujeres empobrecidas de cualquier parte del mundo, un rol distinto al de las mujeres blancas y burguesas y al de las mujeres que actualmente acceden a la clase política, institucional y/o académica. El nuestro es un rol productivo y reproductivo doble y triple; para ello un rol heterosexualizado, siendo también las mujeres en sí mismas, fuerza de trabajo impaga y cuando es asalariada, de menor costo para las patronales, que la fuerza de trabajo de los varones.

Las mujeres de color y empobrecidas somos las que sostenemos la economía global. Somos No Hombres “especiales” para el trabajo duro, para parir sin límites y reproducir la sociedad. Las “esposas” de color deben ser productivas para el varón que las desposa o las toma como “su” mujer o “sus” mujeres.
Las esposas “deben” producir equilibrio cotidiano, higiene, alimentación, mejoras materiales y económicas, también bienes para el sostenimiento de la cotidianidad y bienestar emocional al varón y su entorno familiar de origen; entre sus obligaciones, dichas o tácitas, se encuentra atender las eyaculaciones masculinas y reproducir su linaje, parir guaguas que a medida que crezcan serán también productivas, tanto para el patriarca individual de cualquier clase social en el sentido clásico marxista, como para cualquier estructura socioeconómica en que vivan, capitalista, socialista o comunitaria. 

Para elaborar la Violencia considero que requiero antes que nada de una visión orgánica del mundo (Sergio Castro Gómez 2008), esa que se impone a partir de la experiencia corporal. Los cuerpos vivenciados, su memoria, su biografía no pueden encerrarse en la visión analítica del mundo. Es probable que ambas visiones –analítica y orgánica- puedan coexistir y que sean enriquecedoras para la comprensión, el debate, la re-creación del mundo. Sin embargo, cuando una manera de ver, la analítica, invisibiliza a la otra, le expropia sus saberes, la explota y la coloca en calidad de exotismo y/o “conocimiento alternativo”, el conocimiento dominante ya no puede dar cuenta de nuestras vivencias y de otras vivencias de otros seres apropiados. Y peor cuando el análisis ni siquiera reconoce en sí, lo que él mismo ha presentado como ejercicio del poder, y concluye de manera superflua que lo mismo dan los invasores que los invadidos, y que es relativo estar en el lugar del torturador o de la torturada; y que esto sería objetividad y justicia. Y luego los burócratas usan lo que el experto dice para hablarnos de “Ley Pareja”, Equidad, Igualdad de Oportunidades, Empoderamiento y Enfoque de Derecho. Ahí, el experto científico arrinconado por los avances del pensamiento occidental y sabiendo que el positivismo es altamente cuestionable hoy en día, propone la sabiduría de la Subjetividad donde casi todo podría, teóricamente (y simbólicamente), relativizarse, menos –claro está- “su” propia teoría, la única “probada con gran cantidad de variables”… y etcétera, etcétera.

Cuando se categoriza y se analiza, se resume, se reduce la vivencia material, corporal, biográfica, territorial, se esquematiza, y llega a borrarse la memoria.
Una muestra de esto es la categorización absurda de la violencia en “violencia física y psicológica” donde la “física” podría suceder sin la psicológica.
Hablan de Violencia “psicológica”, como si las demás formas de violencia no afectaran a la llamada “psiquis”. Como si el cuerpo no funcionara emocionalmente y los golpes, la tortura, el acoso, no afectaran SIEMPRE emocional y afectivamente. Como si lo “físico” pudiese aislarse en los cuerpos vivenciados de “lo emocional”, de los sentimientos, de las sensaciones, del ánimo, de los deseos. Como si pudiese definirse que dolor es algo físico, sin emoción o viceversa… Semejante desatino sólo puede surgir de un pensamiento dicotómico, que divide el cuerpo del “alma”, ese pensamiento que nos inoculó Occidente, la Colonia y su Religión.

Generismo
Dividir el cuerpo del alma es una movida política. Y también lo es la elaboración del concepto de Género en su dimensión vacía (a-política) y descriptiva. Ha sido un gran aporte al Liberalismo de parte del Feminismo institucionalizador, aquel que hoy está en los ministerios, gobiernos, E$tados, Fuerzas Armadas y de Orden, y en las grandes empresas trasnacionales.

Obviaron la Dominación, compusieron el relato de los Derechos Humanos, le corrigieron la letra a las Constituciones y les colocaron “Hombres y Mujeres” y hablaron de Ciudadanía; una ciudadanía, claro está, urbana, blanqueada, “patriótica”, criolla. Es un relato que pretende decirnos que somos iguales aunque nosotras, orgánicamente, sepamos que no lo somos…
Al decir esto recuerdo clarito la sonrisa burlona de una mujer que dejó a un marido para escapar del hastío. Ella es “mechera”, o sea roba en supermercados para vivir y consumir droga, suele autodefinirse feminista y se siente atrapada por el amor de un hombre que le enseñó a robar. Ella suele sonreír irónica, tiene carácter fuerte, jamás baja el moño ante la “visitadora” social, el alcalde o la “profesional”, y cuando le hablan de igualdad y derechos en silencio se dice: “¡creerán que soy tonta!”... Entiende que los derechos son mentiras porque la mentira sucede todos los días en su territorio. Hay mucha basura en las calles y esa naturaleza viva está grabada en su memoria de pobreza; su biografía da cuenta de miserias, anegamientos en invierno y una madre dependiente afectiva de un marido agresor y eternamente cansada mientras la criaba. Su cuerpo reciente la desigualdad de ser mujer pobre, ladrona de oficio, pastabasera, nombrada “puta” por abandonar al marido, y madre de unos hijos que ya no están a su cargo porque para el E$tado ella no merece criarles. Para el E$tado $hileno son los hombres con que ella ha estado los que merecen a las guaguas que ella parió. El primero es un obrero que tiene al niño mayor y fue su novio por años hasta que ella conoció a su marido e imaginó que éste sí la amaría (porque eso era lo que ella buscaba, que la amaran, igual que su madre -y ella lo sabe-). El segundo su –ahora- ex marido, padre de la guagua, también adicto a la pasta base y a la cocaína; este señor que –claro está- es hombre, lo que no es un dato menor, tiene una pequeña empresa de yesos en que la mujer de la que hablo, ayudó por años a trabajar, mientras a la vez, hacía el aseo, la comida, entregaba afectos y deseos, “pariéndole” además una guagua. A la semana exacta de que ella lo “abandonó” llevándose a la guagua y volviendo a la casa de su madre, llegaron los carabineros y se llevaron a la guagua porque había una orden del juez… Actúo rápido la justicia (¡cómo pocas veces!), se consigna que el marido también consume drogas, pero “menos”. El hombre, dice ella, tiene algunos conocidos en tribunales y otros, entre carabineros. Así, la mujer perdió a su guagua, se quedó sin casa y sin trabajo.

En un territorio donde ser mujer y buscar, a cualquier costo, el amor de los hombres -esa forma de reconocimiento social obligatorio- se nombra “trastorno de personalidad”; donde ser mujer pobre es peor que ser hombre pobre, donde mechear –robar pequeños productos en supermercados- es peor que el robo que nos hacen las telefónicas, los bancos y las patronales, donde las mujeres y los hombres empobrecidos se “angustian” con pasta base y beben un alcohol que tiene patente aunque mata de manera casi fulminante, ¡hay que tener mucha cara de palo para decirnos que somos iguales y tenemos derechos!  

El relato de los Derechos no niega la miseria en el mundo y a la vez afirma que todas y todos tenemos acceso a los DDHH. ¿En qué quedamos entonces?... ¿Los derechos humanos son más derechos para unos que para otras?...
Tienen buenos discursos, enriquecidos por el “Género”. Su lenguaje no creo-modificó la realidad, pero la adornó bastante y se volvió generista. El Generismo no son sólo consignas vacías, si no toda una ingeniería que habla de: “Igualdad de Oportunidades, Equidad y Empoderamiento”, una propuesta pensada y elaborada con inteligencia y lógica. Un relato analítico muy conveniente para las clases dominantes… Conveniente para “llevar la fiesta en paz”, como suelen decir muchas mujeres cuando están cediendo a las exigencias matrimoniales.

¿Por qué la Equidad? Porque no es lo mismo que derribar la estructura impuesta por las clases dominantes. No es recuperar la riqueza y los territorios desde su concentración en las manos de una clase minoritaria y privilegiada. No, la “Equidad” y la Igualdad de Oportunidades, a veces son simplemente “bonos” que nos dan para vivir “de regalo”, de complacencia, de caridad, y que se complementan con créditos que pagamos durante muchos años.
La Equidad se configura con criterios como mercado, oferta y demanda, y cobertura.
El BID, Banco Interamericano de Desarrollo y el INDES, Instituto Interamericano para el Desarrollo, en su “Diseño y Gerencia de Políticas y Programas Sociales”, habla de la Equidad como un concepto asociado a la Eficiencia, Eficacia y Sostenibilidad.
No haré acá un análisis detallado (hay otros escritos donde lo hago), sólo diré que el Generismo es un engendro liberal-republicano que se combina muy bien:


LIBERALISMO
REPUBLICANISMO
Libertad
De la No Interferencia
Democracia
Participación para elegir a gente de la Clase Política
Individuos
Consumidores
Ciudadanos “participativos”
Eficiencia
Mérito
PODER
EXCELENCIA
VIRTUD CÍVICA
IGUALDAD CÍVICA
CIUDADANÍA
Técnicos
Ingenieros
Empresarios
Consumidores
Políticos
Ciudadanos
Valora la EXPERTICIE
Valora:
la Razón masculina y
la virtud femenina como complementaria

 Cuando leo bien las recomendaciones del Generismo sobre Ciudadanía, Equidad, Empoderamiento, noto que finalmente propone dejar que las instituciones masculinas y capitalistas como los E$tados y toda su Clase Política, y que las instituciones neoliberales y trasnacionales actúen para “mejorar” “humanizar” la sociedad. Al parecer las generistas imaginan que esas instituciones son capaces de resolver las contradicciones de su propio sistema; y no sólo eso, sino de hacerlo de manera “neutral”. Como juez y parte entonces, harían “cumplir los derechos”… pero sin cambiar las vivencias concretas y materiales de los pueblos en sus territorios, ni de las mujeres y sus cuerpos.

Hace poco un brillante y agresivo joven liberal decía en un debate en tevé algo así: “¿Qué prefieren?: Igualdad, pero escaso desarrollo, o desigualdad, pero desarrollo y posibilidad de movilidad social”.
Agradezco haberlo escuchado. No habría podido comprenderlo sin su didáctica intervención. Deduzco que en esa ideo-logía es preferible la Desigualdad pero con la promesa de que podremos lograr eventualmente acomodarnos en escalones sociales más altos. Algo parecido al antiguo sueño americano, pero más pragmático.

La Modernidad Neoliberal se puede dar el lujo de negarse y renegarse en la medida que tenga una Clase Política incluso conformada –excepcionalmente- por comunistas, mujeres e indígenas, que prometan que su ejemplo, o sea, la movilidad social obtenida por ellas y ellos –o por los futbolistas, que para el caso lo mismo da- está disponible para otras, para todas, aunque el costo sea la Desigualdad de las mayorías.

Informan sobre “derechos”, se lamentan de que no se cumplan, pero jamás desarman el control de los territorios, de los cuerpos, de las biografías y de la memoria. Asumen la generización, la heterosexualización, la racialización y la división en clases sociales como algo “lamentable” pero inamovible. No lo destruyen. Es justamente desde esta realidad estratificada, segregada, que se lleva a cabo hoy la Trata de Personas en el mundo como una industria global.
Por otro lado, la heteronormatividad tolera el matrimonio gay, o el AVP –ese guettho llamado “Acuerdo de Vida en Pareja”-, y cuotas de poder políticas disponibles para mujeres, “indios”, “negros” y homosexuales públicos…  y por qué no, ya vendrán políticas, declaradas públicamente lesbianas –lo controvertido será que Lesbiana es una definición política radical, pero eso no se explica cuando se coopta el lenguaje. 

Desaparecen las víctimas

Hubo algunas complacencias de vuelta por los favores prestados del Generismo al colonialismo neoliberal: Leyes VIF, contabilización de femicidios, reconocimiento de la que llaman “Violencia de Género”. Y ahora nos dicen que desaparece el machismo porque “las mujeres han ganado mucho”...

¿Qué mujeres han ganado tanto?...
Las políticas, las presidentas, las diputadas, las senadoras, las gerentas, las generalas, etc.… (el acceso a la Clase Masculina, las ha colocado en otro lugar). Las demás no hemos “ganado”, más bien hemos resistido de maneras diversas, a veces con insidia y agresividad, y recuperado en algo nuestros cuerpos. Hemos gritado, denunciado, nos hemos enfrentado al Poder Colonial. Nos hemos defendido, tanto, que ahora nosotras somos “las violentas”. Y en los programas de la tevé que ven todas las vecinas –y que yo veo cada vez que puedo- siempre junto a un caso de violencia contra las mujeres, se presenta algún caso de mujeres malas madres, esposas “infieles”; y si se habla de mujeres muertas por sus parejas, debe matizarse con algún caso de mujer que asesina a su marido o alguna otra mujer psicopatizada –aunque las homicidas sean 1 contra 99-. Y si se muestra mujeres sin ropa, se exige hombres en la misma condición porque “para eso hay igualdad”.

Ya no somos víctimas. Antes tampoco lo fuimos porque la Violencia contra las Mujeres era invisible, y ahora que la violencia se ha reconocido en cifras, tampoco, ya que justamente gracias al generismo, “se estaría resolviendo”.

De ahí surge como hijo pródigo la famosa “Violencia Cruzada” de la que tanto hablan los profesionales de los servicios e instituciones que atienden personas por diversos motivos, incluidas las mujeres que acuden porque viven violencia.
Hoy, la desconfianza en la víctima pasó a ser más misógina que nunca. Y con un nuevo discurso de desvictimización y empoderamiento proporcionado por el Generismo. La culpa se ha trasladado desde “la culpa de provocar” a la culpa de victimizarse.

Me encontré con colectivas y con feministas tanto en Chile como en Bolivia, que fruncieron el ceño al oír hablar de Violencia Contra las Mujeres, considerándolo “un tema poco político y/o victimista” que centraba a las mujeres “en su ombligo”.
Y he intentado escudriñar en ese sentimiento de desagrado de muchas mujeres, incluso compañeras, ante las víctimas. Es un sentimiento que incluso a mujeres que viven violencia, las apresura a negar que sean víctimas y desde ahí a aminorar los hechos, disculpar los sucesos, encontrar su propia culpa para llegar a ser violentada, humillada y maltratada.
Es como cuando subrayan “sí, pero es sólo violencia psicológica”, como si ello disminuyera el daño.
Las víctimas hemos sentido vergüenza de serlo. Pareciera que la definición “víctima” es en sí misma peyorativa, evoca estupidez, debilidad mental y nuevamente culpa.
El punto es que no hay mujer que no sea víctima de violencia, somos sobrevivientes. Nacer hembra es ya motivo para ese trato, incluso si no te sientes mujer o si no naciste con útero, pero se te cataloga como tal.
Tal vez por esto mismo surge este fenómeno del rechazo a las víctimas. Ninguna queremos vernos en ese lugar que nos han enseñado como estanco y hemos preferido autoengañarnos diluyendo así la conciencia de estar siendo violentadas, y como consecuencia, paralizamos la autodefensa.
No queremos ser llamadas “víctimas”. Nos evoca autocompasión, tal vez personajes risibles de telenovelas y radioteatros antiguos y modernos. Nos hace pensar en nuestras madres y abuelas, a las que tal vez hemos despreciado y/u odiado de cuando en cuando. Preferimos ser como nuestro padre, un espíritu inteligente, creativo, libre y reconocido. Tantas nos hicimos feministas, libertarias, guerrilleras, fuertes, para eso, para no ser ellas: las víctimas.
Queremos alejarnos lo más posible de las víctimas y como no contamos con lógicas que no sean dicotómicas,  cuando lo hacemos, nos acercamos demasiado a los victimarios. Las víctimas comienzan a provocarnos burla, indiferencia, desprecio. Creemos que las víctimas no pueden ser dignas, buenas estrategas, fuertes, rebeldes. Reconocemos, con la dicotomía colonial que nos caracteriza, sólo un lugar estanco para la víctima, una imagen congelada: disminuida, avergonzada, temerosa, confusa. Nada que se le parezca a las que queremos ser (ni a la que realmente somos). La dificultad para ver los procesos que nos inocularon desde Occidente desarrolló una mirada insuficiente, básica e ignorante.

Las vivencias no son lugares estancos, son procesos. La víctima también se defiende, se enfrenta, planea, arma y desarma estrategias, sobrevive cuando lo logra; se alivia y fortalece, denuncia. La víctima también devuelve el golpe, se parapeta, planifica atentados, se encapucha, tira piedras, planea su liberación, se violenta. Cuando calla en cambio, se debilita. No podemos desanimar a las víctimas a reconocerse como tales, a gritar a los cuatros vientos y a publicar que están siendo violentadas; tampoco juzgar a las que se defienden o negar la autodefensa de las mujeres.
Ser víctima es una condición estructural en el sistema mundo que opera. No sólo por ser generizadas, sino también por ser clasificadas económica y socialmente, racializadas, heterosexualizadas. Y como toda condición construida, se puede fisurar, quebrantar, destruir y eso se hace de manera colectiva y feminista. No será el patriarca E$tado ni sus Gobiernos de turno, tampoco los gobiernos dirigidos por mujeres, comunistas, “negros”, “indios” u homosexuales, quienes “vengan a liberarnos”.

Si no destruimos la Colonialidad del Poder que subyace al sistema dominante no terminamos con la victimización de las hembras humanas y muchas otras hembras no humanas. Si no desarmamos al colonialista interno, si seguimos aspirando a la Civilización contra lo que consideramos “Salvajismo”, no haremos revoluciones.

Hablo de Violencia Estructural porque es vertebral, sostiene desde una columna sistémica una lógica asimétrica y dicotómica que segrega, estratifica, jerarquiza los territorios y los cuerpos que los habitan. Es una estructura que domina los cuerpos y la geografía.
La Dominación No es neutral, no es subjetiva, ha premeditado sus objetivos y produce un relato totalizante, cronológico, racializado, generizado, heterosexualizado del Saber y la Sexualidad, que parte desde un “salvajismo antinatural” a una civilización heteronormal. Es decir Civilizar es exterminar a la salvaje, borrar a las hembras y sus poderes.
Y en este contexto violento de por sí, las comunidades que se defienden se transforman -en el discurso institucional-, en terroristas, pandilleros, colocabombas, “peligrosos anárquicos veganos”, etc. y las mujeres en violentas quintralas… Es tal la sobreideologización, que la violencia estructural ha logrado que a las mujeres que se defienden, hasta las comunidades reprimidas, las clases explotadas, y los rebeldes a la heteronormatividad, sean capaces de señalarlas como “demasiado violentas”, malas mujeres, malas madres, malas esposas… y decretar: “Violencia Cruzada”.

La Violencia Estructural mantiene clases de seres y especies completas sometidas y depredadas. Los territorios se invaden, pueblos enteros se esclavizan, las migrantes negras, los hombres de color llegan a nuestros territorios también invadidos a barrer el metro rememorando la esclavitud del Norte.
Dentro de esta realidad que no ha mejorado, si no que se ha vuelto especialmente cruenta, se segrega particularmente a un tipo se ser humano, las hembras, para la reproducción, la producción y como fuerza de trabajo cotidiana y asalariada, más mal pagada que la peor pagada de los hombres pobres. Es este estado concreto de cosas el que hoy permite la Trata de Personas en el mundo, el Femicidio, la División Sexual del Trabajo, la acumulación neoliberal.

Esta estructura se desarrolla y profundiza en las culturas locales por la complicidad de género de varones invadidos con varones invasores, por el cohecho que sacan de todo esto las burguesías locales y por la indiferencia de demasiadas mujeres blancas occidentales ante el genocidio contra indios, indias, negros, negras y champurria. Por otra parte desde nuestros territorios la indiferencia e ignorancia ante la Trata de mujeres blancas de países de Europa del Este actualmente, es sobrecogedoramente xenofóbica y racista.

Esclavitud: Neoliberalismo y Colonialismo
La Violencia Estructural reedita -y más vigente que nunca- el Intercambio de Mujeres.

La que llaman PROSTITUCIÓN y COMERCIO SEXUAL es EXPLOTACIÓN SEXUAL e Intercambio de Mujeres común y normalizado.
En ese mercado las mujeres y “sus productos”: niñas y niños, son mercancía que se intercambia sin nada de intervención de la propia persona intercambiada. La mujer en Trata está raptada, incluso sin estar drogada, amarrada o encadenada. El medio que le rodea es tan adverso y normaliza a tal punto este intercambio, que la mujer percibe que no hay escapatoria.
Lo mismo hemos sentido las mujeres y niñas que hemos sido detenidas o encarceladas en dictaduras, lo mismo hemos sentido en situaciones de violencia cotidiana y particular de parte de un marido, conviviente, padre, padrastro, novio, caficho... La percepción de que no hay más escape que morir y matar no es ajeno a las millones de niñas y mujeres que viven violencia hoy y no están en la Trata. Muchas se defienden. Y no hablo simbólicamente. Defenderse es devolver el golpe, emboscar y hasta matar. La esclavitud estructural de las hembras está tanto afuera de la Trata, como dentro de ella.


  • Las personas intercambiadas son generizadas, definidas mujeres, niñas, niños, tal vez transgéneras por sus cuerpos, apariencias y especialmente por su genitalidad: es el CUERPO el que se Intercambia.
  • Son clasificadas socialmente como pobres, necesitadas, gente que no será reclamada, gente que vivía junto a otra gente sin nada o escaso poder: es la BIOGRAFÍA de Clase la que lo facilita.
  • Son racializadas; pertenecen a territorios determinados, muchas veces a geografías devastadas por guerras, guerrillas, invasiones, caídas de sistemas políticos, etc.: es el TERRITORIO el que se rapta para la Trata.
La MEMORIA de todas las mujeres se ha borrado. Tanto de las que están en la Trata como de las que no lo estamos. Por eso no hemos enhebrado lo suficiente los acontecimientos y las prácticas en el desarrollo de la Historia de las Mujeres.  Si lo hiciéramos no sonaría como una rareza (“contra-revolucionaria” para algunos y sus camaradas mujeres), hablar de una Clase Mujeres.
No hemos tirado una línea directa entre la Historia ancestral de la Mujeres y la actual, por eso no logramos ver que el Intercambio de Mujeres que Levi Strauss visibilizó –sin demasiados cuestionamientos- se actualizó: la Historia de Dominación de las Mujeres continúa y toma nuevas maneras de expresarse.

La Clase Masculina
Las mujeres y niñas que viven violencia cotidiana fuera de la industria de la Trata, también son generizadas, territorializadas, heterosexualizadas y clasificadas por clase.

Una niña en un sector rural será aún más vulnerable al agresor que una niña en la ciudad; también será distinto el acceso y el trato que tendrá en las instituciones del “circuito de protección” una mujer analfabeta, analfabeta por desuso, adicta o alcohólica, que una mujer menos empobrecida, que ha logrado el acceso a instituciones como la Educación Superior.

Las mujeres y niñas también son racializadas. En este punto, hemos oído muchas veces discursos-explicaciones-justificaciones anti-éticas en derechas como en izquierdas que afirman sin complejos que diversas situaciones de violencia coincidirían “con la cultura local o popular” y que ese sería “su estilo” de relación, lo que al parecer en esa comprensión, haría tolerable, menos dolorosa y no denunciable la violencia vivida.
Es decir para izquierdas y derechas la violencia contra las mujeres muchas veces queda reducida a “cultura”, “tradición”, “usos y costumbres”.
Hemos escuchado, no una, si no muchas veces que los matrimonios de niñas con adultos, que las lapidaciones, que la extracción del clítoris, que las violaciones masivas a mujeres de pueblos en guerra, que la obligatoriedad de parir, son Cultura. También nos han querido convencer que el sufrimiento de los varones del proletariado no sólo explica si no justifica sus actos de violencia, acoso y presión contra las mujeres y las niñas; o que las mujeres y niñas “sufren tanto” cuando abortan, que “lo mejor para ellas” es que se queden con el embarazo que rechazan.

Los subterfugios de la Clase Masculina están presentes también en los varones con menos poder, en los más pobres, en los invadidos, en los homosexuales, en los sometidos a otros hombres.
¿Qué defienden ellos? A menudo se subraya desde las izquierdas que los hombres explotados “no tienen nada que perder”, pero al parecer sí lo tienen. Lo único que les queda y lo último que pierden son sus privilegios de Clase Masculina. Aunque estén en el último y más bajo escalón de la pirámide si algo les queda, es el poder jerárquico de varones. Eso les queda y eso defienden: sus intereses de una Clase transclase, una Clase que traspasa posición, condición, situación social y hasta territorio. Una Clase dada por un cuerpo particular con atributos y carencias determinadas como la de la reproducción. Una Clase que ha construido una memoria negando otras memorias y en las que siempre son los varones los héroes, los explotados y los revolucionarios dignos de imitación y adulación.

Trata Humana
Es importante subrayar para quienes dicen y creen que las mujeres “han avanzado tanto” que la Trata Humana en pleno siglo 21 articula el Trabajo Forzado y el sexo con la Colonialidad del Poder. Es una fórmula perfecta y muy actual.

Hay 28 millones de esclavas y esclavos en el mundo que son usados para:

Trabajo forzoso 
Esclavitud sexual
Tráfico de órganos

(Es lo que se sabe).

Hay 1 millón 500 mil esclavas sexuales. Son mujeres, niñas, niños, tal vez personas intersexuales. Dicen que este negocio puede llegar a dar US$ 35 mil millones de dólares anuales, que es un NEGOCIO menor que el del Tráfico de Drogas, pero MÁS RENTABLE PORQUE:


  • LA MUJERES NO SE CULTIVAN
  • UNA SOLA MUJER SE USA MUCHAS VECES
  • UNA NIÑA DE 16 AÑOS YA HA SIDO VIOLADA POR 100 HOMBRES

La fuente de este análisis es KARA SIDDARTH y su libro: “Tráfico Sexual: El Negocio de la Esclavitud Moderna” (ver bibliografía).

También, el Informe "Esperanzas traicionadas: el tráfico de mujeres y niñas a Bosnia y Herzegovina para la prostitución forzada", de 75 páginas, que fue hecho en 3 años de investigación por Human Rights Watch** y devela que:

Aproximadamente 2.000 mujeres y niñas fueron vendidas en Europa del Este en precios de entre us$ 695 y us$ 2.315 dólares. Mujeres de Moldavia, Rumania, Ucrania, Rusia (generizadas, heterosexualizadas y racializadas, clasistamente).

La Policía Internacional de la ONU en Bosnia ha facilitado –y probablemente facilita-  el tráfico de mujeres: La Misión Internacional de las Naciones Unidas en Bosnia y Herzegovina y sus agentes son cómplices de la Trata Humana:


  • Falsificaron documentos
  • Patrocinaron burdeles
  • A veces -¿Cuántas veces?- tienen participación directa en el tráfico.
  • Visitan clubes nocturnos como clientes o exigen que les lleven esclavas sexuales a sus casas
  • Manipularon testigos
  • Compraron mujeres y sus pasaportes.
Se dice en el Informe mencionado que los agentes culpables fueron repatriados, pero no procesados en Bosnia y Herzegovina. 18 agentes de su policía internacional habrían sido repatriados por su "mala conducta sexual". Así le llama el informe de Human Rights: “mala conducta” como si fuese un acto colegial que merece una simple amonestación.
Aunque trabajadoras y trabajadores de las instituciones de Derechos Humanos develen el horror que se produce desde las propias instituciones, aunque sea aceptado que lo informen ante la inevitabilidad de los hechos que notoriamente salen a la luz, el lenguaje de los informes es el lenguaje de los informes, establecido y elaborado para no reconocer ni dimensionar que el contexto de la Esclavitud Humana son los territorios y el uso de los cuerpos según sexo-género, raza y clase.

La Trata Humana es un fenómeno estructural y no local, y se relaciona con la Migrancia en el mundo, muchas mujeres que escapaban de la pobreza o las guerras y guerrillas, fueron atrapadas por la Industria de la Trata. La gente debe desplazarse de sus territorios por hambre, desocupación, falta de oportunidades y fuego cruzado. Esto es Estructural.

La Migrancia también es generizada y tampoco es neutral. Son más las mujeres inmigrantes que los hombres. Ellas, según informes internacionales, predominan en flujos migratorios hacia países que favorecen el asentamiento permanente –mientras que los hombres, hacia países que favorecen la inmigración laboral-. El año 2000 casi el 51% de todos los inmigrantes en el mundo “desarrollado” y el 46% en los llamados “en vías de desarrollo”, eran mujeres. Y la mitad de quienes emigran desde los países del continente americano, son mujeres. Es género, raza y clase.

La violencia generizada en los territorios más diversos no es categorizable y mejor que no lo sea porque categorizar es colonial.
Es fundamental sí, entender que no puede reducirse la violencia generizada y el femicidio a hechos individuales, ya que sucede colectivamente en Colombia, Irak, Sudán, Chechenia, Nepal, Afganistán, Congo, otros países de África y países árabes; sucede en guerras y guerrillas, en dictaduras como la fascista de Pinochet que promovió la Dere$ha $hilena, y en regímenes religiosos diversos.
La violación, la mutilación, los abortos forzosos por ejemplo son un arma contra el enemigo y otra manera generizada, heterosexualizada y racializada de Dominación es que los E$tados de Dere$ho como el que hay en Chile, nos obliguen a parir.

El tiempo de las mujeres es un tiempo de Clase

Hay un tiempo que sólo se le adjudica a la Clase Mujeres. Creo como las feministas materialistas que las Mujeres somos una Clase. Y la estratificación y jerarquización de los Tiempos de Trabajo, como el sometimiento femenino a los tiempos de trabajo impago, también lo confirman.

En Chile, un Estudio de la Corporación Domos, el SERNAM y la Universidad Bolivariana hecho en 2008, concluyó que las mujeres  trabajan en trabajos gratuitos, no pagados, durante 6,3 horas de su día, mientras que los hombres, trabajan sin paga sólo 2,5 horas de su jornada.
A partir de esto el Estudio infiere que sólo en la RM, el trabajo sin paga de las mujeres, aporta US$ 17 mil millones (de dólares) a la economía chilena de esta Región (RM), es decir, el 26% del Producto Interno Bruto (PIB). 

Así, casi el 70 por ciento (el 69%) del todo el trabajo NO Remunerado que requiere nuestra sociedad, lo hacemos las mujeres. Eso quiere decir que en una estimación de un día laboral, a una mujer le quedarían 40 minutos para la recreación, el ocio, el desarrollo propio y la creatividad, mientras que a un hombre también empobrecido, le quedarían 4 horas -media jornada de trabajo- libres, para todo eso.  Hice un dibujo esquemático para entenderlo.
 


No hablo de “compartir tareas”. Espero que nadie entienda que imagino siquiera transacciones familiares, matrimoniales e individuales de  tiempo y trabajo; tampoco estoy pensando en “salarios para la amas de casa”.
Constato la realidad social de una Clase de seres humanos triplemente explotadas y empobrecidas:
por las patronales y su Economía Neoliberal del Trabajo Asalariado que es un fenómeno de Clase en el aspecto más clásico,
por el E$tado que aprovecha una porción importante del PIB gracias al trabajo femenino que no retribuye,
y por la Clase Masculina que entre muchos otros privilegios, obtiene cuatro horas libres en la base de más de 6 horas de trabajo sin paga alguna de las mujeres.

A las mujeres, a partir de nuestra situación y condición, a partir de la clase que ocupamos, se nos deteriora la salud, el cuerpo en general, se nos reducen los tiempos y las posibilidades de desarrollo. En un país donde ya somos pobres las mayorías, las mujeres somos empobrecidas aún más en tiempos, placer y espacios para la creación.

El techo para las mujeres está por debajo del techo económico de los hombres siempre. En el caso de Chile debemos tomar en cuenta entonces que el 10% más rico de los habitantes, se lleva el 40,2% de los ingresos totales del país (en 2006 se llevaba el 38,6%); y el 10% más pobre se lleva solamente el 0,9% de los ingresos totales del país (en 2006 se llevaba el 1,2%). Así, el 10% más rico de la población tiene ingresos 46,2 veces superiores a los del 10% más pobre. Mientras en la Encuesta Casen –de Caracterización Socioeconómica Nacional- 2006, la relación era 31,3 veces. Esto quiere decir que entre 2006 y 2008, los ingresos de los más ricos crecieron un 9,1% mientras los de los más pobres no alcanzan los 2 puntos de crecimiento (sólo 1,8 veces).

Las cifras más nuevas, de 2011, confirman todo lo dicho y agregan que Chile (que escribo a menudo como “$hile” con signo pesos) tiene más multimillonarios que países como Suiza, Austria, Dinamarca, Holanda, Noruega y Finlandia. Además en comparación con los países que cuentan con mediciones, el 1 % más rico se lleva el mayor porcentaje de la renta nacional. En contraste, el 75 % de los trabajadores y trabajadoras ganamos menos de US$ 1000 (dólares), mientras los gastos cotidianos, familiares y personales superan esa cifra y nos obligan a estar apresadas por los créditos que a menudo provocan desastres familiares en lo económico, de los que muchas no llegan a recuperarse jamás pues los intereses suben diariamente.

En esta realidad, las mujeres sumamos pobrezas: el cuerpo arrebatado, la maternidad obligatoria, la memoria borrada, la identidad desfigurada.

Por un feminismo champurria
La experiencia a menudo escapa a las descripciones. El lenguaje no basta.
La experiencia concreta y material es más amplia y profunda que los símbolos e ideas sobre algo. Los símbolos surgen como una construcción social a partir de un devenir de seres que tienen experiencias materiales, Y  NO AL REVÉS. No me parece que el lenguaje crea realidad; tampoco la modifica, la puede visibilizar y también invisibilizar y negar. EL LENGUAJE NO ALCANZA PARA los recovecos y sinuosidades del hacer en la biografía y la geografía de los cuerpos.

Así en este carnaval de generismo, la violencia doméstica y sexual mutó a violencia contra las mujeres; la institucionalizaron como “violencia intrafamiliar” (VIF), y le han llamado – le llaman- “De género”.
Es verdad, sin duda, es doméstica y sexual. Es Violencia contra las mujeres, claramente. Pero ”Intrafamiliar” y “De género”, son definiciones que no toman en cuenta para nada la correlación del Poder Colonial sobre las “mujeres” como clase, ni el ejercicio del Poder de la Clase Masculina en nuestras sociedades, remedos de occidente.

Con el tiempo, viviendo violencia y trabajando con mujeres que la vivían y la denunciaban, varias compañeras nos fuimos dando cuenta que se quedaba corto aquello de Violencia doméstica y sexual, y que Contra las Mujeres nombra a “alguien” universalmente generizada: una mujer blanca, occidental, pequeñoburguesa, educada, liberada y moderna. Una MUJER particular y distinta a las que somos. No somos la mujer occidental –sabiendo que “ella” tampoco es una existencia universal-. Pero se hace aún más claro que no lo somos por la indiferencia que muestran nuestras comunidades en relación a la violencia contra nosotras.
Es una indiferencia pragmática -no discursiva porque reconozco que los discursos han evolucionado-. En las vivencias materiales, descubrimos que nosotras estamos para servirles, parirles y tolerarles, y si no lo hacemos es “motivo justificado” de violencia; y si nos defendemos es “Violencia Cruzada”.
Nuestras comunidades no nos compadecen, es decir, no padecen con nosotras, porque, al parecer, las mujeres de color estamos para “el aguante”.
En las calles de nuestras ciudades, en los caminos rurales de nuestros territorios, en la atención en empresas e instituciones, esta vivencia: “el aguante”, es muy clara. Estamos descartadas para la fragilidad, para ofendernos, negarnos a esperar, enrabiarnos con los malos tratos. Y es que somos las salvajes invadidas, una casta inferior.
Mientras los varones de estos territorios se han civilizado bastante y los que no, “al menos son hombres”; mientras las mujeres criollas –aquellas que se construyen desde sus ancestros europeos- también se muestran como damas sigilosas, dignas y merecedoras de respeto, nosotras somos “maleducadas”, “ignorantes”, “insistentes”. Hemos permanecido como “la mona que aunque se vista de seda, mona se queda”. Y no es malo. A nosotras, por la vivencia del desprecio cotidiano y por el colonialismo interno que padecemos, tantas veces, nos parece algo negativo, una debilidad. Porque contemplamos como nuestras hijas, nuestras hermanas jóvenes, salen de casa a trabajar a las empresas que las emplean, vestidas de damas, uniformadas a menudo y ellas parecen más civilizadas. Igualmente, somos inteligentes, sabemos que es una puesta en escena social. Pero muchas veces sufrimos las consecuencias de la falta de conciencia de esto. El traje de tienda, la figura esforzada por verse alta y esbelta, el blanqueado de la piel, el lenguaje cortés, que parecían meras estrategias, se transforman, a menudo, en un sentido en sí mismas, y la que no tiene edad y belleza suficientemente occidental para vestir así, no es esbelta, alta, ni parece blanca y no logra hablar de manera occidental, debe tolerar el desprecio de sus propias hermanas de clase, de sus propias hijas, al otro lado del mesón del Banco, la telefónica, la empresa de Luz o de Agua, cuando va a pagar o a reclamar por los abusos; también se queda parada impotente en la recepción del Hospital, la Urgencia, el Municipio, La Oficina de la Mujer u otra institución cuando necesita apoyo del mismo E$tado que aprovecha su trabajo cotidiano impago.
Si bien es cierto que la vivencia de opresiones es abundante, también lo es que las resistencias y rebeldías que oponemos van a la par. Y por eso creo que asumir una conciencia no arribista ni desclasada de ser unas salvajes y la fortaleza que ello aportaría a las identidades que construimos, puede constituir un poder inmenso en sí mismo. Propongo autocomprendernos y gozarnos como una Clase que puede autoliberarse.    
Somos champurria es decir mestizas y ser mestizas no es “no ser nada”, como me han subrayado algunas lamngen mapuche. Vivencio que ser mestiza es una identidad con memoria y la posibilidad de descubrir a las que nos han precedido en nosotras; a mí me ha servido para desarmar un poco más, la misoginia que nos envenena a menudo y nos hace odiar a nuestras madres y abuelas, fuesen las fuesen, como fuesen, hallan hecho y pensado lo que fuese. Las que nos criaron, las que se fueron, aquellas a las que mataron por violencia machista, las que nos abandonaron, las que sin parirnos estuvieron y nos criaron… Como ellas, somos indias, negras, pobres, lesbianas, viejas, pobladoras, con pocos estudios, del campo, explotadas sexualmente, conservadoras y hasta reaccionarias, de culturas distintas y escasamente blancas, con creencias mezcladas.
Todo esto y mucho más que no conozco, somos, y sobre todo esto podemos construir -no el “empoderamiento”- si no el fortalecimiento de nosotras para la autodefensa, la autoliberación y la construcción de unas vivencias que sean las que realmente queremos vivir. La potencia de la alegría y el placer en nuestros cuerpos y emocionar, son fuerzas que sobreviven en nosotras y podemos desarrollarlas entre mujeres.

Así, vuelvo a subrayarle a las instituciones y a sus trabajadoras y trabajadores que hablar de “Violencia Cruzada” en esta realidad material, memorial y territorial, ofende nuestra inteligencia, pero sobre todo nos ofende a nosotras, a nuestras vivencias y a nuestra existencia histórica; a nuestra experiencia y a lo que hemos elaborado por años.
En la práctica, hablar de “Violencia Cruzada” es negligencia absoluta y negación de apoyo a las mujeres que viven violencia, como a las comunidades que viven violencia.
Afirmo que la $hilenidad y la “Patria” son racistas y por ello el E$tado $hileno ataca, allana, encarcela e inculpa a las comunidades mapuche como lo hace***. Así mismo, la denominación “Violencia Cruzada” es reafirmar la Dominación de las mujeres.

Referencias
*Este documento fue la base para una exposición en el seminario “Violencia estructural: análisis de sus consecuencias en la vida cotidiana”, al que fui convocada por el equipo del Centro de la Mujer de SERNAM, Servicio Nacional de la Mujer de la Comuna de San Carlos, en la Provincia de Ñuble, Región del Biobío el 13 de noviembre del presente año (2014), en el Centro Cultural de San Carlos. La exposición tocó sólo algunos puntos principales del texto y fue complementado con una presentación en Power Point titulada: Mujeres: Cuerpos Colonizados.

** CIMAC NOTICIAS. Periodismo con perspectiva de género. “No fueron procesados los policías internacionales implicados. Permiten agentes de la ONU venta de mujeres en Bosnia”. Carina Carriedo, 04/12/2002

*** las ideas centrales de este texto fueron expuestas en el Seminario junto con una presentación de imágenes que denuncia la violencia de E$tado contra las mujeres kurdas, afganas y otras, contra las lesbianas en Sudáfrica y lo equipara a la violencia del E$tado $hileno contra las mujeres y las comunidades mapuche en el territorio de Wallmapu, institucionalizado como “Chile”.

Alguna bibliografía usada


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martes, 4 de noviembre de 2014

Y EL ABORTO CUÁNDO!!!... NIÑAS Y MUJERES SEGUIMOS EN PELIGRO EN UN PAÍS DERE$HISTA

En un país donde la derec$ha fascista manda, y la derec$ha de la Izquierda administra, las niñas ni las mujeres estamos a salvo. No importa nada que en último sondeo realizado por Adimark (Investigación de Mercado y Opinión Pública) en el mes de junio, un 71% de los chilenos se mostrara de acuerdo con la aprobación de un proyecto de aborto terapéutico, en casos de inviabilidad del feto o violación.

Demanda de aborto terapéutico reaparece
Niña de 13 años violada y espera un feto inviable
X Equipo El Desconcierto/ Enviada X Paola Melita Guaye
Niña de 13 años se encuentra grave por embarazo inviable
La menor presenta un embarazo de 39 semanas. El feto sufre de una malformación congénita que hace inviable su sobrevivencia, poniendo en peligro, además, la vida de la adolescente.

Una niña de sólo 13 años se encuentra internada en el Hospital Luis Tisné de Peñalolén a causa de un embarazo inviable. El feto de la adolescente, de 39 semanas de gestación, presenta una malformación congénita que hace imposible su sobrevivencia tras el nacimiento.
La adolescente, proveniente de Carahue, Región de La Araucanía, habría sido violada por uno de los integrantes de su familia, pero la fiscalía aún no lo ha confirmado. Además, la niña presenta serios problemas de salud, dadas las deformaciones en el corazón del feto en su interior.

Su peligroso estado de salud provocó el traslado a Santiago, mientras las organizaciones en defensa de los derechos de las mujeres están solicitando a las autoridades acelerar los proyectos para despenalizar el aborto terapeútico. La iniciativa fue anunciada por Bachelet durante el pasado discurso del 21 de mayo, pero el envío de la propuesta al Parlamento aún no se concreta.

Por lo mismo, la diputada de la comisión de salud, Karol Cariola (PC), llamó al gobierno a acelerar el proceso, porque hasta ahora no hay indicios de la nueva ley y no se sabe cómo comenzará el debate. Por su parte, desde La Moneda, han optado por dejar en espera la demanda que le ha significado conflictos con la iglesia católica desde que fue propuesta.

Durante el año se han realizado diversas manifestaciones a favor de la despenalización del aborto. En tanto, en mayo de 2014, una joven de 17 años fue internada con hemorragia luego de haberse practicado un aborto casero, lo que provocó nuevas movilizaciones de los colectivos feministas. El aborto terapéutico fue legal en Chile hasta 1989, cuando la dictadura de Augusto Pinochet terminó prohibiéndolo.

Fuente: El Desconcierto



Niña de 13 años violada y espera feto inviable
X Soy Temuco
Niña de 13 años quedó embarazada tras haber sido violada presuntamente por su padre en Lautaro
Tras una investigación que duró un par de meses, esta jornada la fiscalía presentará al hombre ante el Juzgado de Garantía de Lautaro, donde será formalizado por el delito de violación impropia.

La PDI de Lautaro, en La Araucanía, detuvo a un hombre acusado de violar a su hija de 13, abuso que derivó en un embarazo de la menor de edad.

Según los antecedentes preliminares, la niña habría dado a conocer un embarazo que con el paso de los días se logró establecer que era por efecto de un abuso sexual. Tras la realización de un examen de ADN se pudo establecer que el progenitor y agresor sexual de la niña de 13 años, era su padre.
Tras una investigación que duró un par de meses, esta jornada la fiscalía presentará al hombre ante el Juzgado de Garantía de Lautaro, donde será formalizado por el delito de violación impropia.

Fuente: soy Temuco


martes, 28 de octubre de 2014

CHILE, VALPARAÍSO: CAMINATA SILENCIOSA Y DECLARACIÓN CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS

Las violencias machistas contra las niñas: la opresión silenciosa y silenciada.

Cuando nos referimos a la violencia machista, las niñas suelen estar ausentes del discurso y las imágenes, a pesar de la evidencia existente tanto a nivel mundial como nacional.

En muchos casos la violencia comienza desde el momento de su nacimiento. Efectivamente decir: “es una niña” puede constituir la causa de su muerte temprana. Así por ejemplo en Asia, al menos 60 millones de niñas han “desaparecido” debido a la selección prenatal del sexo, el infanticidio o el abandono.

También ellas constituyen la primera mayoría cuando hablamos de abusos sexuales infantiles. Las investigaciones hablan que en todo el mundo el 20% de las mujeres sufrieron abusos sexuales durante la infancia, mientras que en el caso de los hombres este tipo de violencia ronda entre el 5 al 10%.

Más de 64 millones de niñas  a nivel mundial son víctimas de matrimonios forzados. El matrimonio infantil provoca embarazos prematuros y no deseados, por lo que pone en peligro la vida de las niñas y adolescentes. Y de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, las complicaciones asociadas al embarazo son la principal causa de muerte entre niñas y adolescentes de 15 a 19 años de edad.

En el mundo, aproximadamente 140 millones de niñas han sufrido la mutilación genital femenina.

La trata de personas con fines de explotación sexual se convierte en una trampa para millones de mujeres y niñas, que pasan a ser esclavas en plena era moderna. Las mujeres y niñas representan el 98% de las personas que son explotadas sexualmente contra su voluntad (ONU).
En Chile, desde Enero hasta Junio de 2014 se registran 9.986 denuncias por  violencia sexual, un 66% corresponde a abuso sexual, mientras que un 32% a violaciones y un 2% a pornografía infantil. La violencia sexual ocurre frecuentemente en los hogares o es cometido por algún familiar  o persona cercana a la víctima (84.7%)[1][i].
Del universo de las denuncias que señala el estudio “perfil de los agresores”, el 70 % identifican a menores de edad como víctimas, el 96% de las víctimas son niñas el 31% tiene entre siete y trece años.

El promedio de niñas y niños asesinados fue de 57 durante el 2013, cantidad muy cercana a los femicidios, que son habitualmente difundidos por los medios de comunicación. Esta violencia es preocupante en la región de Valparaíso y extrema en las regiones de Arica y Parinacota, Aysén y Magallanes.

El Estado no se ha hecho cargo de la situación de violencia contra las niñas y niños del país ni del abuso sexual infantil. El año pasado hubo 22 mil denuncias solo por delitos sexuales contra niños y niñas, lo que significó un aumento en un 22% en relación al año 2012 y en lo que va de este año ya tenemos un aumento de un 17% con respecto a los delitos sexuales cometidos contra niñas y niños el año pasado.
Creemos, se debe descartar en el análisis de los delitos sexuales el mito del “loco” o “enfermo” para definir a los agresores. “Estos sujetos no necesariamente han vivido una infancia violenta ni se sienten atraídos con exclusividad, o de manera principal, por niños/as, sino que suelen aprovechar las ocasiones que se les presentan para realizar los abusos”2.
Por tanto, se descarta la presencia de trastornos graves o alteraciones del juicio que expliquen la comisión del delito, por lo que deben ser considerados plenamente imputables ante la ley.
Según un estudio realizado por el Ministerio Público el 2011, los agresores “pertenecen al entorno social de las víctimas, son familiares directos o cercanos o mantienen una relación con sus familias.
Estas cifras son sólo una pequeña muestra de las violencias machistas que sufren las niñas. Y la raíz profunda de la violencia contra las mujeres tiene su raíz en las desiguales relaciones de poder entre hombres y mujeres.

Es importante entender que la violencia machista es manifestación de una discriminación social, de una estructura social desigual y opresiva contra las niñas y las mujeres.

Esta estructura social desigual o patriarcado descansa en los mitos, roles y estereotipos de género, los que se aprenden desde la primera infancia. Producto de esta socialización las niñas se identifican, por regla general, en roles de sumisión respecto de lo masculino y los niños toman posiciones de superioridad como género “privilegiado”. Esta socialización se aprende en la familia, escuela y medios de comunicación.

Para los medios de comunicación “las mujeres continúan encerradas en un contexto que generalmente las reconoce como objetos de placer o como sujetos domésticos. Las mujeres son acosadas y culpabilizadas, convertidas en responsables de la suciedad de la casa o de la ropa, del deterioro de su piel y de su cuerpo, de la salud de los niños y niñas, y de la limpieza de sus partes íntimas, del estómago de sus maridos y de la economía de su hogar. En la oficina o en la cocina, en una playa o en la ducha, todo depende de su aliento, el realce de su sostén o el color de sus medias” (Ramonet).

En la Escuela se presta menos atención a las niñas, se les dirige menos la palabra y los elementos tradicionalmente considerados como característicos de la cultura femenina se encuentran devaluados, ausentes o marginales en los saberes que se transmiten (Brullet y Subirats).

Vemos como estereotipos, mitos y roles de género, tienen como consecuencia la desigualdad entre los sexos y se convierten en agentes de discriminación, impidiendo el pleno desarrollo de las potencialidades y las oportunidades de cada persona.

Respecto de las niñas las privan de su autonomía, limitando su dignidad e impidiendo una vida libre de violencia(s), en definitiva impidiendo una vida en libertad.

Ellas que difícilmente pueden expresar en alto su voz, nos acompañan esta tarde. Hoy nuestro silencio expresa la rabia ante las violencias machistas que sufren las niñas.

Marchamos porque ellas deben ser visibilizadas, su dolor, su rabia, su silencio…Hoy marchamos por su libertad y su autonomía.

¡¡¡ NI UNA NIÑA MENOS, NI UNA MUERTA MÁS !!!
Colectiva La Huacha Feminista, Valparíso




[1] Datos obtenidos a través de la Fiscalía, Ministerio Público de Chile.
2 Ministerio Público (2011). Unidad de Delitos Sexuales de la Fiscalía Nacional





martes, 7 de octubre de 2014

LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA ES VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

(Las casildas)
Violencia obstétrica: “Lo inaceptable se ha vuelto habitual”
X Juan San Cristóbal/Radio U. de Chile/Enviado X Mujeres y Salud 
Una mesa de análisis sobre violencia obstétrica en la Biblioteca Nacional sumó antecedentes de una situación poco abordada en la salud pública. Distintas actitudes que van en contra de la naturaleza de un parto son puestas en tela de juicio, de momento en que no hay políticas públicas orientadas a proteger los derechos de las mujeres y los recién nacidos, con escasos ejemplos en la región.
Se entiende por violencia obstétrica “la apropiación de procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico, abuso de medicación y patologización de procesos naturales”. La definición corresponde a la Ley Orgánica del Derecho de las Mujeres, de Venezuela, que junto a Argentina son los únicos países en la región con leyes en este tema.
En esta línea, distintos expertos en maternidad subrayan la condición vulnerable de las mujeres y una falencia en las políticas de natalidad y salud pública. Macarena Mardones, doula dedicada a la asistencia de nacimientos y directora de “Nacer a la Vida”, observa una transformación cultural que explica esta conducta.
“Es un dogma cultural bastante expandido, contrario a la fisiología porque la oxitocina, la hormona principal del parto, es tímida, y ningún mamífero invita a sus pares al parto. Todas las hembras paren solas. Recuperar el paradigma original nos obligará a dejar de lado muchos condicionamientos culturales. Todos estos temas son súper delicados, y la situación hoy es que lo inaceptable se ha vuelto habitual”, dijo.
Un ejemplo claro es la cantidad de cesáreas que crece en la medicina moderna. En Chile, el índice alcanza el 49%, pese a que la OMS señala que el promedio nacional no puede superar el 15%.
En esta línea, Macarena Mardones enumera distintos errores al incidir en un nacimiento: “Las cesáreas son una consecuencia del desconocimiento total de las necesidades fisiológicas, termina ocurriendo porque el parto se interviene. Hay cesáreas programadas, hay un miedo al parto que obliga una cantidad enorme de inducciones, rompimiento de membrana, etc. Toda esta cascada de intervenciones hace que el bebé no quiera salir, está muy asustado, hay una adrenalina feroz en el ambiente”.
Desde la medicina surgen distintas voces que alertan de un mal manejo de políticas de salud, actuando contra la ciencia y el sentido natural para agilizar estos procesos. Juan Carlos Chirino, académico de obstetricia en la Universidad de Santiago, lamenta la cotidianidad de estos abusos.
Chirino declaró que “obligar a la mujer a parir en una posición determinada es violencia obstétrica. No favorecer el apego, adelantar el proceso de parto con bajo riesgo, técnicas de medicamento sin consentimiento. Es complicado visibilizar que mecanismos de forma tan rutinaria sean parte de la violencia obstétrica”.
En 2007, Venezuela promulgó la Ley de Derechos de las Mujeres, en 2009 Argentina publicó una ley de protección integral. Para Raquel Schallman, matrona partidaria de un parto libre, el tema pasa por analizar las condiciones que impone la mercantilización de la salud pública.
“Podemos asistir a partos respetados porque hay una piscina, porque hay esferas de plástico o sogas para colgarse. Toda esa sofisticación es innecesaria, los animales no necesitan de eso, necesitan que se les respete, y eso lo haría extensivo a toda la medicina, que se ha vuelto peligrosa por ignorar las necesidades de cada persona”, dijo.
Son pocos los países que tipifican como delito la violencia obstétrica, por lo que distintas organizaciones exigen un cambio cultural en salud pública, denunciando estas acciones por ser un atropello a los derechos reproductivos y, en paralelo, una invisible violencia de género.

Fuente: Radio U. de Chile 

VIOLENCIA OBSTÉTRICA EN $HILE

(Campña las Casildas)

Violencia Obstétrica: La herida invisible del parto
X Victoria Viñals L./Radio U. de Chile/ Enviado X Mujeres y Salud
En Chile cada año cerca de 250 mil mujeres se convierten en madres. De esas, se estima que cerca del 92 por ciento sufrió algún tipo de maltrato por parte del personal de salud. Calladas e invisibilizadas durante décadas, las mujeres están empezando a hablar las cosas que pasan dentro de las salas de parto.

Claudia está aterrada, llora tras de tres días con contracciones y nueve horas de trabajo de parto. Está demasiado cansada para pujar. La matrona le dice que no lo hace bien (pujar) y que, si no lo hace bien, se le va a morir la guagua adentro. Claudia está empapada de sudor, su hijo de 33 semanas de gestación será prematuro y ella no está preparada para esto. Toma aire y puja con el terror de parir un niño muerto.
La matrona empuña unas tijeras quirúrgicas y corta la vagina de Claudia, quien, en medio del llanto, se siente incapaz de dar a luz. Otra matrona, sin preguntarle ni avisarle,  apoya el codo entre las costillas  y le empuja el vientre hacia abajo. Ese sonido sería lo último que escucharía Claudia antes de que el llanto de su hijo llenara todo el lugar.

Claudia, 24 años, diseñadora gráfica, no puede recordar su parto sin sentirse impotente. Dice que es primera vez que lo habla con alguien, y que es una herida abierta en ella: “Si viera ahora a la matrona le diría que es una perra carnicera (…) Tengo mucha pena, nunca en toda mi vida me habían tratado así”, declara entre lágrimas.
Para la diseñadora, lo suyo no fue simplemente una mala práctica del equipo médico, sino que se trata de un tipo específico de violencia contra las mujeres, no reconocida por el ordenamiento jurídico nacional: “Yo fui víctima de violencia obstétrica y no hice nada porque no sabía que eso existía. Creí que era lo normal y lo acepté. Me di cuenta que era violencia cuando llegue a mi casa y empecé a leer sobre los procedimientos. Fui muy ignorante y permití que me maltrataran en el momento que se supone debía ser el más lindo de mi vida”, afirma.

Apropiación del cuerpo
En la única definición oficial que existe, la ley de Venezuela define violencia obstétrica como la apropiación del cuerpo y  procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud. El trato jerárquico deshumanizador, el abuso de medicalización y la patologización del proceso natural de gestar y parir, son algunas de las manifestaciones de este tipo de agresiones.
En el plano físico, una cesárea sin justificación estrictamente médica, el tacto realizado por más de una persona, la episiotomía de rutina, el uso de fórceps sin estricta necesidad o consentimiento, la realización de la maniobra de Kristeller, el raspaje de útero sin anestesia, son las más comunes representaciones de esta violencia.

Desde el punto de vista psicológico se produce con la utilización de lenguaje inapropiado, burlas sobre el estado o cuerpo de la mujer o su hijo, críticas por manifestar emociones como alegría o dolor y, sobre todo, la imposibilidad de plantear temores e inquietudes durante el proceso de embarazo y parto.

Michelle Sadler, antropóloga médica especialista en antropología del nacimiento y académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, fue pionera en el estudio de la violencia obstétrica en el país. Su tesis de pregrado titulada Así me nacieron a mi hija  sistematizó el estado del nacimiento en Chile. Desde esta publicación del año 2003 se entiende la violencia obstétrica ya no como una mala práctica individual, sino como práctica generalizada instaurada desde el paradigma médico.

En opinión de Sadler, la violencia obstétrica sería un fenómeno relativamente reciente y derivaría del proceso de medicalización del parto. El punto clave estaría en el traslado del parto desde el hogar al hospital: “Donde antes participaran familiares y amigos, hoy participa el personal médico. Si antes había una jerarquía equilibrada entre los participantes, hoy se aprecia una hegemonía del conocimiento médico. Donde se utilizaran métodos naturales, hoy se privilegia el empleo de sofisticada tecnología”, se puede leer en su tesis.
Estas prácticas se sustentarían en lo que la investigadora estadounidense especialista en antropología de la reproducción, Robbie Davis-Floyd llama “Modelo tecnocrático del nacimiento”. Este paradigma del cuidado de la salud se caracteriza por una fuerte orientación hacia la ciencia, alta tecnología, intereses principalmente económicos, e instituciones gobernadas por un poder patriarcal.

Durante el 2010 y 2011, un grupo de investigadoras de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile estudiaron a un grupo de 508 mujeres que tuvieron sus partos en dos servicios de salud del sistema público chileno. El estudio titulado Assessment of the implementation of the model of integrated and humanised midwifery health services in Santiago, Chile, arrojó que el 92,7 por ciento de los partos fue intervenido médicamente a través del uso de oxitocina sintética, anestesia epidural y rotura artificial de membranas, contraviniendo las Recomendaciones para el Parto Humanizado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Manual de Atención Personalizada del Proceso Reproductivo del programa gubernamental Chile Crece Contigo.
Gonzalo Leiva, matrón, magíster en Administración en Salud y académico de la Escuela de Obstetricia de la Universidad de Santiago, dice en su columnaViolencia Obstétrica: una violencia de género invisibilizada, que tanto en el  sistema público como en el privado, casi la totalidad de los partos son intervenidos por igual. A su juicio, durante el proceso del nacimiento los esfuerzos se concentran en intervenciones técnicas que dejan de lado el manejo espontáneo y fisiológico de un proceso que aproximadamente en el 85 por ciento de los casos ocurre o, al menos, debería ocurrir de manera natural.

Fuera de la Ley
Venezuela fue el primer país del mundo en reconocer la violencia obstétrica y otorgarle tratamiento jurídico. En 2007 se promulgo la “Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, que en su artículo 51 define el concepto de violencia obstétrica y establece sanciones administrativas a quienes la ejerzan.
En el caso de Argentina, el concepto fue tipificado en 2009 en el artículo 6, sección e) de la ley 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Lo que complementó la ya existente ley 25.929 sobre nacimiento humanizado.
En abril de este año, el senado mexicano aprobó tres dictámenes que modificaron el artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tipificando como delito toda acción u omisión por parte del personal médico y de salud que dañe, lastime, denigre o cause la muerte a la mujer durante el embarazo, parto y puerperio.
En nuestro país, no existe una definición, ni otra clase de procedimiento específico para estos casos. Ni siquiera para aquellos en que se contraviene directamente evidencia científica y recomendaciones del propio Ministerio del Salud.
El Código de ética del Colegio de Matronas no la menciona en ninguno de sus puntos y la Sociedad Chilena de Ginecología y Obstetricia, a través de comunicados emitidos por su presidente, Mauricio Cuello, ha criticado todas las formas de violencia contra las mujeres, excepto la obstétrica. Tampoco el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) la ha incluido en la campaña nacional que apuesta a visibilizar la violencia de género.
Lo único que pueden  hacer las mujeres que han sufrido violencia obstétrica es invocar la ley 20.584 en un procedimiento administrativo (ver recuadro 2). El problema, según explica María del Pilar Plana, licenciada en antropología y académica de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la  Universidad Mayor, es que esta ley toma el maltrato vivido como un hecho aislado, “como una excepción producto del descuido o la negligencia, lo que minimiza su envergadura y naturaleza como forma sistemática de violencia de género”.

Inne-Cesáreas
Jocelin tenía 20 años y tuvo su parto en el Hospital del Profesor: “A las 38 semanas, el  ginecólogo me dijo que mi hijo ya estaba listo para nacer. Me hicieron depilarme, usar enema y oxitocina sintética. Desde las 9 de las mañana y hasta las 5 de la tarde me hicieron tacto cada una hora. Matronas y practicantes no tuvieron ninguna consideración, fueron muy brutos e irrespetuosos. Finalmente llega el médico y me dice que me va a hacer una cesárea porque no estoy dilatando bien y mi hijo no baja. Nosotros, sin conocimientos y con miedo, aceptamos. Mi guagua nació entre chistes y  comentarios sin sentido del equipo médico. Yo estaba amarrada de ambas manos, lo pusieron junto a mí un par de segundos y se lo llevaron. Pasarían unas 2 horas antes de volverlo a ver”, relata.
La operación de Jocelin, es lo que conoce como “cesárea innecesaria”, es decir, una cesárea que se realiza sin causas médicas de peso, normalmente para comodidad del equipo médico.
“Me sentí tonta, incapaz de  parir a mi hijo y la lactancia se me hizo muy complicada.

Preparación para anestesia epidural.
La desconfianza que generaron en mi misma los médicos fue muy intensa y siento que se pasaron a llevar mis derechos al no informarme sobre las procedimientos y, sobre todo, al programar una inducción y después una cesárea sin ninguna justificación”, señala Jocelin.
Chile presenta una de las tasas de cesáreas  más altas del mundo. Entre los años 2000 y 2010 ocupó el cuarto lugar a nivel mundial, con un 40,6 por ciento de partos vía cesárea, sólo detrás de Chipre, Brasil y República Dominicana, según cifras de la OMS.
Según los números de 2013 presentados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en nuestro país el porcentaje de cesáreas en el sistema privado bordea el 66 por ciento y un 37,4 en el público. El alto índice convierte a Chile en el tercer estado miembro con más cesáreas, sólo después de México y Turquía. Esta cifra contrasta con el 15 por ciento recomendado por la OMS.

El índice de cesáreas también contrastaría con las bajas tasas de mortalidad materna, las cuales, según un estudio colaborativo realizado por Iniciativa Chilena de Investigación en Mortalidad Materna, alcanzaría apenas el 16,5 por ciento, dos puntos bajo el porcentaje alcanzado por Estados Unidos.
Gonzalo Leiva aclara que no se trata de una cruzada en contra de todas las  cesáreas, pues reconoce que esta operación ha permitido salvar miles de vidas desde que se realiza. El problema estaría en su utilización indiscriminada, y en que sea utilizada para ordenar las agendas de matronas y ginecólogos.

Ibone Olza, psiquiatra perinatal e investigadora española especialista en neurobiología, señala en su libro ¿Nacer por cesárea? Evitar cesáreas innecesarias. Vivir cesáreas respetuosas, que la diferencia entre un parto normal, una cesárea de urgencia y una programada, es sumamente relevante y tendría importantes repercusiones psíquicas:
“Al no haberse desencadenado el parto las hormonas tampoco han hecho su trabajo, no hay transición, de estar embarazada se pasa a estar en una sala de reanimación con la tripa cosida… Algunas madres atraviesan un verdadero shock psíquico en los días siguientes a la intervención. Externamente aparentan normalidad, se ocupan de su hijo y reciben a las visitas con naturalidad. Sin embargo, la procesión suele ir por dentro y a veces les cuesta creer que el embarazo ha terminado y que no ha habido un parto”.

El pequeño corte
Era 17 de septiembre y el médico de Paulina le rompió la bolsa. Tenía 38 semanas de embarazo  y le dijo que su hijo ya no necesitaba estar más en su vientre, así que era mejor sacarlo: “Si tu hijo no quiere salir, te hacemos una inducción”, le dijo.  Paulina iba en ocho centímetros de dilatación, cuando el médico le practicó la Maniobra de Kristeller: “Se subió encima de mi barriga para empujar al bebé, y me hicieron una episiotomía sin consentimiento. Cuando mi pequeño salió, quise correr la cortinilla para mirarlo, pero la anestesista me lo impidió. Hasta el día de hoy no sé por qué no me dejaron verlo de inmediato cuando salió”, relata.
Según el Manual de atención personalizado en el proceso reproductivo, elaborado por el programa Chile Crece Contigo y el ministerio de Salud (Minsal), publicado en 2008, la episiotomía consiste en “el agrandamiento del orificio vaginal mediante una incisión de periné durante la última parte del periodo expulsivo”.

La realización rutinaria de una episiotomía es considerada como dañina, porque crea una incisión quirúrgica de una magnitud mayor que lo que muchas mujeres podrían haber experimentado si no se hubiese realizado. Sin embargo, el Manual de Diseño de espacios y objetos para el parto integralrealizado en conjunto entre la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Minsal, señala que en Latinoamérica la tasa de episiotomía alcanza el 80 por ciento de los partos naturales. Estas cifras contrastan dramáticamente con países como Dinamarca y Suecia que alcanzan el 6 y 7 por ciento respectivamente y con el 20 por ciento recomendados por la OMS
Rocío Cáceres, licenciada en antropología  y miembro de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento RELACAHUPAN, señala que el asunto de la episiotomía es la prueba fehaciente de que este tipo de violencia no es un meramente procedimental: “El nacimiento se transforma en un acto ritual, donde se vuelve necesario despojar a la mujer de su poder y de su sexualidad. Practicar una episiotomía es más que procedimiento, es mutilación genital. La violencia obstétrica, no es sino la reproducción del sistema patriarcal”

Respecto de la mencionada Maniobra de Kristeller, según el manual de la OMS del año 1996 Cuidados en el parto normal. Una guía práctica, la maniobra consiste en presionar el bajo fondo del útero con el fin de acelerar la etapa de expulsión y señala: “A veces se realiza justo antes de dar a luz y otras desde el comienzo de esta fase. Esta práctica, aparte de acarrear molestias maternas, puede ser dañina para el útero, el periné y el propio feto, aunque no existen estudios al respecto. La impresión general es que se usa con demasiada frecuencia, no estando demostrada su efectividad”.

Maniobra de Kristeller
Durante el mes de junio, el Colectivo español El Parto es Nuestro realizó un estudio con el fin de concientizar a las mujeres y los profesionales de salud sobre lo dañina de esta práctica y favorecer su erradicación. De las 373 entrevistas realizadas el 63,5 por ciento de las madres refiere secuelas emocionales y considera que fue una experiencia traumática para ellas, para su acompañante y para el bebé.
Además, en el 70 por ciento de los casos fue necesario realizar otras intervenciones: ventosa (22,65), fórceps (18,82) y la realización de cesárea (6,76 Al 61 por ciento de las mujeres se les realizó episiotomía); un 30 por ciento de ellas tuvo, además de ésta, desgarro, siendo el 16 por ciento desgarros de primer grado, y un 7 por ciento en segundo y tercer grado.
En opinión de Cáceres, el rol que cumplen las universidades es  decisivo a la hora de formar nuevos profesionales del parto y la salud: “Se somete a los estudiantes a  aprender y reproducir el modelo tecnocrático de atención médica. Se le fuerza a un proceso ritual donde se cosifica el cuerpo del otro y  se pierde la noción de que el parto es un momento sexual en la vida de la mujer, que, en la mayoría de los casos, no requiere intervención”.

Demasiado joven
En el año 2010 el número total de nacidos vivos fue de 250 mil. De estos el 15.56 por ciento, es decir, cerca de 40 mil correspondió a guaguas nacidas de madres adolescentes. Melania es una de ellas. Tenía 16 años y dice que estaba preparada física y mentalmente para un parto natural, sin anestesia.
“Pasaban las horas y yo no estaba dilatando “lo suficiente”, aunque ya iba en 4 centímetros. Sentí cuando la matrona me rompió la bolsa con los dedos y después me pusieron oxitocina sintética. Yo no quería que me intervinieran. Me trataron de ignorante por no querer ponerme la epidural. Finalmente me bajó la presión por la  anestesia que me obligaron a usar y estuve cerca de una hora vomitando en la sala de preparto. Vino la ginecóloga a verme y dijo “no importa, mejor que vomite así hace fuerza y baja la guagua más rápido”. Cuando entramos a la sala de parto, pedí que no me practicaran episiotomía. La ginecóloga se rió y con las tijeras en la mano me dijo: “si el bebe sale rápido no te corto”.

María del Pilar Plana piensa que las madres adolescentes están aún más expuestas a vivir violencia obstétrica: “En esos casos, resulta mucho mayor la asimetría que sienten los profesionales, y las mujeres son relegadas, porque, además de madres son adolescentes”, señala. Además, agrega que cualquier mujer que no se adapte a la norma y al procedimiento médico debe ser sometida, pues “en el parto ocurre la escenificación de los roles y la hegemonía presente en la sociedad”.
Preparto, parto y puerperio

Paula relata: “Tenía ocho de dilatación e insistían en ponerme anestesia. Yo no quería, pero ellas me obligaron a punta de amenazas. Me dijeron que no me moviera o quedaría inválida. Con la epidural se detuvo el proceso de dilatación y tuvieron que sacar a mi hijo a tirones, con fórceps. Mi hijo nació muerto, con Apgar 2. Tuvieron que revivirlo y su segundo Apgar marcó 6. Lo dejaron dos segundos sobre mi pecho, y se lo llevaron (…) finalmente me dejaron en la habitación y llega una enfermera a decirme que mi hijo “nació lentito” y que por eso todavía no lo puedo ver. Al día siguiente me llevaron una guagua que no era la mía, les dije y me trataron pésimo.  Pedí hablar con la matrona jefa, y claro no era mi hijo. Siempre pienso que si no me hubiese puesto firme me habrían cambiado la guagua”.

El parto de Paula fue el año 2003 en la Clínica Victoria Rousseau. El servicio de salud privado habría cerrado luego de la muerte de una madre y su hija durante el año 2006. Después de su parto, Paula estuvo años con depresión. Se sentía culpable y pensaba que el doctor era un héroe por salvar la vida de su hijo: “ahora que he tenido la oportunidad de informarme, me doy cuenta de que el doctor lo mató”, señala.

Simbólica y de género
Gonzalo Leiva señala que la Violencia Obstétrica “deja huellas en las mujeres que han parido, en sus hijos, y también hay evidencia que señala que afecta a los profesionales que son testigos a diario de cómo sus colegas tratan a las mujeres gestantes. Esta violencia existe, y es una forma más de las tantas que le conocemos a la violencia de género”.
Michelle Sadler, en Así me parieron a mi hija, recurre al sociólogo francés Pierre Bourdieu y afirma que la violencia obstétrica es una forma de violencia simbólica: “Aquella amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que es ejercida esencialmente a través de los caminos simbólicos de la comunicación y el conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento (…) Los sometidos aplican a las relaciones de dominación unas categorías construidas desde el punto de vista de los opresores, haciéndolas aparecer como naturales, lo que puede llevar a una especie de autodenigración sistemática, generalmente visible en la adhesión a una imagen desvalorizada de la mujer”.
Han pasado algunos años desde que las mujeres protagonistas de este reportaje fueron víctimas de violencia obstétrica. Las marcas de las experiencias que vivieron aún perduran. De las cinco, sólo una dice que no quiere volver a tener hijos. Las otras cuatro están conscientes de lo que vivieron y están tratando, por distintos caminos, de sanar sus heridas.

 Test de violencia obstétrica

Mientras estabas internada en la clínica u hospital, con contracciones de trabajo de parto,
1. ¿El personal de salud hacía comentarios irónicos, descalificadores o en tono de chiste acerca de tu comportamiento?
2. ¿Te trataron con sobrenombres (gorda) o diminutivos (gordita-mamita-hijita) como si fueras una niña incapaz de comprender los procesos por los cuales estás atravesando?
3. ¿Fuiste criticada por llorar o gritar de dolor, emoción, alegría, durante el trabajo de parto y/o el parto?
4. ¿Te fue difícil o imposible preguntar o manifestar tus miedos o inquietudes porque no te respondían o lo hacían de mala manera?
5. ¿Se realizaron alguno o varios de los siguientes procedimientos médicos sin pedirte consentimiento o explicarte por qué eran necesarios? Rasurado de genitales – Enema – Indicación de permanecer acostada todo el tiempo – Rotura artificial de bolsa – Administración de medicación o goteo para “apurar” el parto – Tactos vaginales reiterados y realizados por diferentes personas – Compresión del abdomen en el momento de los pujos – Episiotomía – Cesárea – Raspaje del útero sin anestesia
6. En el momento del parto, ¿te obligaron a permanecer acostada boca arriba aunque manifestaras tu incomodidad en esa posición?
7. ¿Fuiste obligada a quedarte en cama impidiéndote caminar o buscar posiciones según tus necesidades?
8. ¿Se te impidió estar acompañada por alguien de tu confianza?
9. ¿Se te impidió el contacto inmediato con tu hija/o recién nacido antes de que se lo llevara el neonatólogo para control? (acariciarlo, tenerlo en brazos, verle el sexo, hablarle, darle el pecho, etc.)
10. Después del parto, ¿Sentiste que no habías estado a la altura de lo que se esperaba de ti (que no habías “colaborado”)?
11. Podrías decir que la experiencia de la atención en el parto ¿te hizo sentir vulnerable, culpable o insegura?

Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es sí,
Fuiste víctima de violencia obstétrica.

Fuente: Colectiva Maternidad Libertaria

 ¿Qué hacer en caso de violencia obstétrica?

Escribir un relato de la violencia obstétrica y su contexto de realización, de la manera más detallada posible.

Hacer llegar el relato acompañado de una carta formal donde se solicite una sanción específica a la dirección de la clínica u hospital. Existe registro de al menos dos casos, en que las mujeres denunciantes, además de indemnización pecuniaria y disculpas, han exigido que los responsables del abuso asistan a cursos para aprender sobre violencia obstétrica y parto humanizado.

En caso de no recibir respuesta, o de que esta no sea satisfactoria:

En el caso de que el prestador de salud sea público, dirigirse a la Oficina de Información, Reclamos y Sugerencias OIRS del Ministerio de Salud y poner un reclamo invocando la ley 20.584 Sobre derechos y deberes de los pacientes. También puede hacerse mediante la páginahttp://oirs.minsal.cl/

En el caso de que el prestador de salud sea privado, puede solicitarse una mediación o interponer una denuncia en  la Superintendencia de Salud.



Fuente: Radio U. de Chile